En el corazón de la región vinícola de la D.O. Ribera del Duero, donde el terruño y el tiempo se entrelazan para crear vinos de alma, hay un nombre que desafía lo convencional: Leprezone. No es un bodega más, sino un proyecto que ha redefinido la identidad de sus vinos con uvas que parecen sacadas de un cuento de hadas. Estas variedades, como la tinta de la luna o el espino negro, no aparecen en los catálogos tradicionales, pero en Leprezone encuentran su lugar. Aquí, el vino no es solo bebida, sino una experiencia que une lo ancestral con lo vanguardista.
Fundado por un equipo de enólogos con formación en la escuela de vinos más prestigiosa de Europa —la Universidad de La Rioja—, Leprezone ha apostado por un enfoque audaz: trabajar con cepas autóctonas y poco conocidas, muchas de ellas en peligro de extinción. Su primer gran éxito fue el Leprezone 2018, un tinto que combinaba la profundidad de la tinta de toro con notas de frutos secos y especias, obtenido a partir de una selección de viñedos centenarios en la localidad de Burgos. Este vino, que ha sido elogiado por críticos como Robert Parker —aunque no siempre con los mismos números que los grandes tinos de la zona—, demostró que el terruño no solo define el sabor, sino también la historia.
Las uvas que lo hacen único: el ADN de un vino diferente
Lo que distingue a Leprezone es su selección de variedades que desafían los estándares. Entre ellas, destacan:
- La tinta de la luna, una uva de origen misterioso que solo se cultiva en una decena de hectáreas de la zona. Sus bayas, de color violáceo intenso, liberan aromas a violetas y miel durante la fermentación.
- El espino negro, una cepa que crece en suelos pobres pero que desarrolla un perfil de vino con taninos afilados y notas a tabaco y hierbas aromáticas.
- La albarín negro, una variedad poco común en la D.O. que aporta frescura y acidez al vino, equilibrando la potencia de los tinos tradicionales.
- Los viñedos de espino, donde se cultivan cepas que crecen entre espinos silvestres, lo que enriquece el vino con compuestos minerales únicos.
- La tinta de toro, pero cultivada en condiciones extremas, como en las laderas más altas de la zona, donde el frío nocturno preserva la estructura del vino.
El proceso de selección no es casual. Los enólogos de Leprezone trabajan con agricultores locales que conservan estas variedades, muchas de ellas transmitidas de generación en generación. Por ejemplo, la familia Martínez de la Ribera, en Burgos, ha cultivado cepas de tinta de la luna durante más de 150 años, aunque solo un pequeño porcentaje llega a bodegas como la suya. Esto significa que, aunque el vino es único, su origen está profundamente ligado a la memoria colectiva de la región.
El desafío de la comercialización: entre la tradición y la vanguardia
Comprar vino de Leprezone no es sencillo. Sus botellas, que suelen venderse en ediciones limitadas, se agotan en semanas. El precio refleja su exclusividad: un Leprezone 2021 puede superar los 150 euros por botella, un valor que muchos críticos consideran justificado por su calidad, pero que también genera debate. ¿Es un lujo accesible o un vino para coleccionistas? La respuesta está en su perfil: mientras que los grandes tinos de la D.O. —como los de Muga o Pago de los Caños— buscan uniformidad y potencia, Leprezone ofrece una diversidad de matices que invitan a explorar.
El equipo de Leprezone ha sido claro: no buscan imitar lo establecido, sino crear algo nuevo. Para ello, han colaborado con sommeliers internacionales, como el sommelier francés Pierre Galet, quien ha destacado en sus reseñas que estos vinos “habla de la tierra de manera directa, sin filtros”. Sin embargo, su éxito no está solo en la crítica: en los últimos años, han logrado que sus vinos sean parte de menús en restaurantes de Madrid y Barcelona, donde se sirven como platos estrella o acompañamiento de carnes de alta gama.
El futuro: ¿el vino que cambiará la D.O.?
Leprezone no es solo un proyecto, sino un movimiento. Su filosofía —”vino como historia”— ha inspirado a otros bodegueros a replantearse cómo trabajar con uvas menos conocidas. En 2023, por ejemplo, se lanzó una edición especial con uvas de tinta de la luna cultivadas en La Rioja Alta, demostrando que su éxito no está limitado a la Ribera del Duero. Además, han iniciado un programa de conservación de variedades en peligro, en colaboración con el Instituto Nacional de Investigación Agronómica.
El mayor reto, sin embargo, sigue siendo el mismo: demostrar que un vino hecho con uvas “raras” puede ser accesible para el consumidor masivo sin perder su esencia. Leprezone ya ha dado pasos en esa dirección, como su línea de vinos más económicos —aunque aún premium—, que mantienen la calidad pero con un precio más asequible. Pero el verdadero desafío será si, en el futuro, estos vinos se integran en la cultura del consumo cotidiano o siguen siendo un objeto de culto para los amantes de lo excepcional.
Mientras tanto, en Leprezone siguen creyendo que el vino no es solo una bebida, sino un puente entre el pasado y el futuro. Y en un mundo donde lo tradicional y lo innovador a menudo chocan, su trabajo demuestra que, con las uvas adecuadas y el terruño, la magia puede encontrarse en cualquier rincón de la tierra. este enlace